El Ciudadano K. / Regresé de los lugares desde donde había vislumbrado a mí mismo y entendí que ¡se trataba sobre todo de nosotros! Todos nosotros somos una sociedad, todos nosotros formamos el sistema vigilándonos mutuamente. Todos tenemos parte en el temor que nos refrena. Por todos nosotros entré hacia allá donde a los demás les da miedo a entrar y vi la vanidad, lo absurdo de la sumisión. Qué frágil y fácil de abusar es lo que debiera de servirnos. No somos números, no somos datos biométricos, entonces tampoco seamos muñecos en manos de los grandes jugadores en el campo de juego de esta época. Si no queremos temer a nuestro propio rostro, ¡tenemos que salvar nuestra cara!